martes, agosto 02, 2011

II Hip hop Fest y la oxigenación ideológica del rap en Lima

Hasta hace unas semanas pensé que buena parte de la comunidad peruana que consume arte underground (específicamente, la que escucha y hace hip hop) estaba perdida políticamente. Esto es, que los textos, tanto las sensibilidades como los sistemas de creencias que a aquellos subyacen, se erigían, casi ya incontrolablemente, sobre la base de discursos ideológicamente fariseos y conceptos trogloditas propios de quienes –entre oros- hacen del arte una práctica militante del resentimiento social. (Un ejemplar elocuente lo constituye "el arte" de un muchachito que hasta hace no poco, grotescamente, una afiebrada fan -también "cantante"- calificóle el profeta del Hip hop peruano.)


Mas, el II Hip Hop Fest, cuya organización estuvo coordinada por SV Latin Music Crew (encarnada en el esfuerzo ostensiblemente calificado del representante de SV Latin Music, LBHS), estimuló cierto optimismo en mi y, en general, tengo la impresión que también debiera causar el mismo efecto en el observador inteligente –interesado o no en el hip hop local. De hecho, hizo que reforzará la reciente reanimación de mis deseos por desarrollar algo al respecto para fin de año. (Pronto detalles.) Participaron sobresalientemente, de los que me interesan: Warrior, Norick, DJango, Urbe de Kanes, DJ Deportado, 8 Puntos clan, y Umano.

Evidencia que registra lo bueno de las diversas performances (8 Puntos Clan & Warrior/Rapper School):


Es definitivo que la política penetra todos los discursos y prácticas en general (por grados es cierto, pero al fin y al cabo los penetra), y, por lo mismo, que, digamos, hay planos filosóficos suculentos para hacer análisis conceptual en casi todas ellas, pero ese no es mi punto. (Tampoco es mi punto si el referido festival está implicado por mi perspectiva de las cosas, o, si ellos lo hicieron pensando en -tan necesariamente- oxigenar ideológicamente el hip hop peruano). Sino que hay un exceso de un tipo de discurso en el arte urbano mencionado, y, peor aún, del tipo del que ha costado mucho extirpar no solo en la academia universitaria (y dentro de las élites extraunversitarias con prerrogativas sobre la deliberación nacional), sino en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana. Esto por un lado. Por otro, menos enojoso pero igual de bufo, que ese exceso viene estimulado tanto por las así llamadas izquierdas alternativas –centradas en los delirios de guerrilleros de cafe- y por las menos sofisticadas –encantadas por la acción de toma de locales universitarios. Dos caras de la misma cancerígena moneda.

En fin, el II Hip Hop Fest representa un síntoma de una saludable bocanada de aire fresco cultural. Digamos, ha oxigenado los oídos de quienes desde hace muchos años hemos puesto el ojo sobre todo cuanto implica tal forma de vida –y hoy nos dedicamos a otro tipo de aproximación a ella- y ha hecho frente a la polución ideológica -sin importar(o al menos a mi no) si se propusieron esto último o si no se lo propusieron.

Un dato final. Me sorprendió gratamente ver que Warrior ha adoptado una vida, por así decirlo, un tanto ascética. (A propósito de él, y de Urbe de Kanes, aquí un video de ambos haciendo freestyle, uno de entre los que más me gustan. Provecho.)

(Huelga enfatizar que mi opinión es externa a todo cuanto tenga que ver con los organizadores del evento y de sus colaboradores.)